Al llegar a la casa, ese domingo a las 3 de la mañana, anoté en un cuaderno “¡Me siento bien!, siento que nada de mi pasado importa, que las culpas son patrones autoimpuestos, que confío en que Dios me sustenta… ¡Es Maravilloso!”.
Todo lo que anoté en el retiro tenía poca importancia, jamás me voy a dedicar a revisar la línea del genograma de los Anunnaki, sería perder el tiempo. Sin embargo, el retiro si fue fuerte. En primer lugar, en la comida o el desayuno (es decir, recién llegando), el Maestro nos dijo una tremenda verdad que siempre fue obvia, pero que sólo en ese momento me hizo sentido. “En la solicitud de acción está el libre Albedrío”.
Por primera vez para mí, había confluido el tomar al propio Ser en mis manos con el que no domino nada en mí ni en los demás. Es en la solicitud de excepción que puedo elegir hacer o no hacer caso a mis patrones y a mis memorias, que son las que nos mantienen presos, accionando siempre de la misma manera. Así que así partió, con la palabra central el seminario: “Libertad”.
Dentro de esa misma conversación, más puntos ya sabidos pero nunca aplicados. Buscarle 6 salidas a los problemas antes de empezar a conversar sobre ellos. Ahí me sentí un flojo, y de hecho, no he sido lo más aplicado que hay post-retiro. Después del retiro sólo lo he hecho una vez, y he tenido hartos más problemas….
Sin ponerme a contar lo que se veía en el seminario, en la medida que el Maestro hablaba, todo se iba a haciendo más claro… el dios castigador claramente no es el Dios supremo y último, y todos las relaciones de castigo, tratos, mandas, y cosas así, vienen de relaciones en que las personas buscan conseguir algo, y no tienen nada que ver con un Dios que nos da a aire en cada segundo.
Y muchas de las cosas de las religiones (de las que no voy a esconder, soy bastante crítico), se basan en este “supuesto dios” que poco tiene que ver con el Trascendental, como referiría Lao Tsé. Sin embargo, me pareció como Jesús sí hablaba de este Dios último, relacionándolo con un proceso interior, proceso interior tal como lo conocían otros iluminados como Budha Gautama, pero agregándole un concepto de “por qué” conocerse, hacia dónde vamos, cuál es el sentido.
En momentos del seminario sentí miedo y dolor, pero luego de eso me sentí libre. Sentí procesos liberadores, sentí aceptación, sentí perfección.
Yo siempre intento seguir la estructura de las actividades a las que voy (en todo ámbito de cosas), para intentar reproducirlas después, pero en este caso, jamás pude ver la mano derecha (que va hacia el corazón), y ni siquiera estoy seguro de haber visto la mano izquierda (que distrae). Los procesos ocurrían apareciendo prácticamente como magia. No sé si será malo (porque no fui capaz de mantener la conciencia) o si será bueno (porque me entregué a la experiencia), pero el hecho es que fue, y agradezco que haya sido.
Posteriormente, el último día, en una meditación vi cosas que no me dejaron tan tranquilo, no sé si porque simplemente no me acomodan, o porque no me sentí auténtico al decirlas. Y en eso me resonó que el Maestro nos dijera “Si lo sienten en su corazón vale, sino es mentira”. Nuevamente, nos liberó.
Y de hecho, esa frase es maravillosa para lo siguiente que escribo, porque del seminario pude sacar varias máximas, que de hecho, también pueden encontrarse en el Seminario I, tales como:
“El Dios creador supremo y último, que nunca veremos, porque estamos inmersos en él, tal como un pez que declara no encontrar el océano”.
“No existe infierno ni pecado, la culpa se forma por nuestros propios patrones de lo que es “bueno” o “malo”, y somos nosotros mismos quienes nos culpamos”.
“Vamos a evolucionar hasta Dios antes o después, tenemos todo el tiempo del Universo, pero podemos acelerar ese proceso”.
“El vacío que se forma al ver la estructura de Dios que teníamos, se llena con lo aprendido en el seminario uno, con la técnica y entender el proceso de acoplar la amada presencia”
“Hoy están sentados aquí GRACIAS a todas las cagadas que hicimos antes. Las cagadas que nos mandamos nos permiten crecer y son perfectas, ¿Cómo podrías sentirte culpable de hacer algo que te hace crecer?, no tiene sentido. Es más, a uno le han enseñado que se sienta culpable, y es TODO LO CONTRARIO, hay que estar agradecido de las cagadas”.
“Esto es lo que soy, al que le guste bien y al que no, se viste y se va. Y si a alguien no le gusta, es problema del otro, no puedes vivir en función de si algo le gusta al o no al otro”.
Ahora, como el Maestro nos ha dicho siempre no tiene ningún sentido repetir esto como loro, y esa es la gracia que tuvo el seminario, yo no entiendo (aún) cómo, pero vivencié todas estas cosas, todas estas cosas que sé y he aprendido del Maestro, pero que rara vez había vivido, rara vez había hecho tan mías. Y eso es lo que hace tan especial al seminario.
Así que, de corazón lamento que todas estas palabras están vacías, o son “medias verdades”, porque no puedo transmitirles mi vivencia. Sólo puedo recomendarles que vivan la experiencia, porque nadie va a poder vivirla por ustedes.
Y esa sensación de libertad, del “aquí y ahora” (que al escribir esto ha quedado relegado al “allá y entonces”), de no tener pasado ni futuro, de sentirse pleno, de no tener culpas, de sentirse perdonado y “perdonador”, es MARAVILLOSA. Y pido al Universo, que algún día esa vivencia sea permanente en mí, y sea una vivencia que alcance a cada uno de ustedes, y a cada persona en el planeta, y cada ser en el Universo.
¡¡¡Infinitas Bendiciones!!!
Gian Lorenzo Blanco Balbontín
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sábado 17 de abril de 2010
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