
Yin Yang
Los días pasan, y me cuesta sentarme a escribir un artículo que quiero escribir desde hace casi tres años. El Yin Yang es un símbolo muy usado, en el mundo occidental se le relaciona generalmente con el Oriente, o con los surfistas, quienes ocupan este signo (probablemente por el concepto de “equilibrio”).
La primera vez que vi este símbolo, fue en el juego “Mortal Kombat”, a lo que le pregunté a mi hermano, qué significaba. A lo que él me respondió que simbolizaba los principios opuestos, que si existe el bien, existe el mal, Calor y Frío, etc…
Este es probablemente el significado con el que muchos se han quedado, pero en esta vida, tuve la maravillosa bendición de que mi historia no terminó allí, y ese dibujito terminó por ser uno de los más importantes de mi vida.
Yo, por mi forma de ser, siempre he sido enormemente extremista, desde que era pequeño, las cosas o son de un modo, o son de otro. Fui educado bajo esos patrones, patrones que gracias a Dios, y a mi Maestro, fueron suavizados y encausados para llegar un buen lugar.
Mi visión original era que las cosas o son blancas, o son negras, no hay medios colores. Como podemos ver en el Yin Yang, El lado blanco… no es totalmente blanco, tiene un punto negro. Igualmente el lado negro, tiene un punto blanco… por tanto, tenemos que recordar que las cosas no son totalmente de una forma o de otra, sino que tienen MATICES… sin embargo, estos matices no es la tibieza, el no atreverse y quedarse en lo gris, sino que hay partes que son blancas, pero hay que recordar que también hay partes negras, y son parte fundamental de su existencia.
Por otro lado, existe una totalidad, y un complemento por parte de un lado y del otro.
Por milenios, el Yin Yang es asociado a los taoístas, es su símbolo por excelencia, su filosofía se basa en el equilibrio del yin y el yang, y una parte importante de la filosofía taoísta es “No Enjuiciar”. Generalmente se relaciona el no enjuiciar como no involucrarse, mirarlo por encima, intentando no pensar en el asunto, y así no enjuiciarlo… y esto no es nada más alejado de la realidad. El no enjuiciar, es ampliar el pensamiento, aprender a mirar más allá.
Cuando enjuiciamos, decimos que algo es “bueno” o “malo” dependiendo de determinadas características. El punto es que nuestra visión es limitada, y al final las cosas son tanto buenas y malas al mismo tiempo, dependiendo de donde se mire. Y por ello es la importancia del no enjuiciar, pues en determinada circunstancias, en determinado tiempo y viéndolo de diferente forma, nuestro juicio puede cambiar.
Pero esto suena demasiado elevado y complicado, y por sobre todo, poco práctico, por lo que les dejo, el Koan de los Caballos, que les aclarará todo el asunto…
Había una vez, en un pueblo pequeño, un hombre que tenía un caballo con el cual araba la tierra. Un día, su caballo se escapó, con lo que perdió su elemento de trabajo… a lo que llegó todo el pueblo a decirle “que maldición la tuya… ¿Qué harás ahora?… esto es terrible”, a lo que él contestó: “Yo no sé si será una bendición o una maldición… lo único que sé, es que esto no termina aquí”.
Pasados los días, volvió el caballo, con otros nueve caballos más. A lo que llegó nuevamente el pueblo completo a decirle “¡Pero que bendición la tuya!, ¡¡¡volvió tu caballo y además con otros nueve caballos!!! ¡Que maravilla!”, a lo que el hombre contestó: “Yo no sé si será una bendición o una maldición… lo único que sé, es que esto no termina aquí”.
Un día, mientras el hijo estaba intentando domar a uno de los caballos, el caballo lo botó, y el cayendo, se rompió una pierna … se la hizo añicos, tenía para muchos meses sin moverse… a lo que llegó el pueblo una vez más a decirle “Que maldición la tuya… ahora tu hijo no podrá ayudarte en los labores del campo, y es más, tu tendrás que cuidarlo a él…”, a lo que el hombre contestó una vez más: “Yo no sé si será una bendición o una maldición… lo único que sé, es que esto no termina aquí”.
Pasado el tiempo, se declaró la guerra en el país, y todos los primogénitos tuvieron que partir… pero como el hijo del hombre estaba inválido, no pudo ir a la guerra.
Todos los hijos murieron… por lo que muy respetuosamente, el pueblo fue adonde el buen hombre y le dijo “Que bendición la tuya, que tu hijo no haya muerto en la guerra gracias a su invalidez”, a lo que el hombre contestó: “Yo no sé si será una bendición o una maldición… lo único que sé, es que esto no termina aquí…”
Como pueden ver en la historia, y todos hemos comprobado a través de nuestras vidas, las cosas van cambiando, y lo que es una maldición, luego puede parecer una bendición, y lo que es una bendición luego parecer una maldición… pero por eso explícitamente digo “parecer”, pues en el fondo, no es ni una ni la otra, son las dos. Y es en ello la importancia del Yin Yang, es por ello un círculo, es por ello una unidad, pues es tanto BLANCO como NEGRO. Por ello, hasta donde yo veo el día de hoy, el “No enjuiciar”, lejos de decir “no es ni blanco, ni negro” es aprender a mirar que puede ser tanto blanco, como negro, y tener un punto, o tener otro.
Como vemos en la historia también, apreciamos el desarrollo de la paciencia, pues depende del tiempo. Los chinos son conocidos por su enorme paciencia, “Paciencia de Chino” se dice comúnmente en mi país para decir alguien con mucha paciencia…
Y como vemos en el koan de los caballos, es gracias a esa paciencia lo que hace a ese hombre tan grande. Y la paciencia, como muchos dicen, es algo que se desarrolla. Y se basa en no desesperarse cuando algo ocurre, y aprender a esperar y mirar que es lo que pasa.
Al comienzo puede ser terrible (probablemente a todos cuando nos han dicho “tenga paciencia” ha sido un suplicio), pero la mejor forma, es darse cuenta de nuestras propias experiencias, de cómo el koan de los caballos ha ocurrido muchas veces en nuestra vida, y muchas veces que creíamos que venía algo muy malo, y que nos iba a arruinar la vida, terminó siendo una bendición.
Siguiendo en la misma línea, si vemos el dibujo, encontraremos la forma del yin yang, es una forma curva, no recta, es una forma que demuestra movimiento, ¿Y por qué? Por la importancia del movimiento, la importancia del cambio. Todo está permanentemente cambiando, y todo tiene ciclos, ciclos que empiezan y terminan. Generalmente no nos detenemos a pensar, pero tenemos el más pequeño ciclo, una respiración. Inspiramos, retenemos, expiramos… y nuevamente comienza otro ciclo. Un día es un ciclo, el paso de la luna es un ciclo, las estaciones del año son ciclos…
Y en esta última, encontramos una buena expresión de lo que son los ciclos, puesto que las estaciones sabemos como van a ser; en verano hace calor, en invierno hace frío… sin embargo, ningún verano es igual al otro, ningún invierno es igual al otro. Hay ciertas circunstancias que se repiten, pero NUNCA es igual.
Ahora bien, dentro de este movimiento, una frase que es algo así como una firma personal que tengo desde hace años ya: “Esto También Pasará”. Hay una historia de un anillo y un rey que les puede ser útil para recordarla, pero en este caso no es necesario traerla, si alguien la quiere, búsquela, le aseguro que la encontrará. El punto es que todo pasa… las cosas van pasando, y ello es importantísimo.
Cuando uno sufre por algo, recuerdo esta frase, tan simple, pero a la vez tan profunda. Y pongo un ejemplo que para muchos será muy claro. Imaginen que acaban de terminar una relación sentimental… y en ese momento sufren, creen que el mundo es una mierda y quieren tirar todo por la borda.
La posición que yo pongo, es que se posicionen en 5… o 10 años hacia delante. Y que piensen si en ese entonces van a seguir sufriendo por esa pena de amor… en todo ese tiempo, seguramente van a pasar muchas cosas, muchas relaciones van a pasar… y ya no se va a sufrir por eso. Por lo tanto, ese sufrimiento está sólo dentro de la propia cabeza, basta hacer un pequeño click y eso puede cambiarse.
Hagamos el ejercicio contrario, si tienen una relación que haya terminado hace 5 años… ¿sufren todavía por ella?, en el caso de que incluso pudiera existir dolor… ¿es de la misma intensidad que fue cuando recién terminó? Seguramente no… entonces, si sabemos que ese sufrimiento va a pasar… ¿Por qué no nos ponemos en esa posición desde ya, y dejamos de sufrir aquí y ahora?, si de todos modos… PASARÁ. Pero hay que tener esa conciencia de que pasará, y la mejor forma de encontrarla, es dándose cuenta de que hechos que en el pasado tuvieron MUCHA importancia, ahora no la tienen. Por lo tanto, los que ahora tienen mucha importancia, en algún momento dejarán de tenerla.
Ahora, quisiera compartir este Koan con ustedes:
Un samurai, feroz guerrero, pescaba apaciblemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando el gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y de un golpe partió el gato en dos. Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz.
Al entrar en casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau.
Las personas con la que se cruzaba parecían decirle miau.
La mirada de los niños reflejaba maullidos.
Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar.
Todos los lugares y las circunstancias proferían miaus lacinantes.
De noche no soñaba más que miaus.
De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en miau.
El mismo se había convertido en un maullido…
Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al templo a pedir consejo a un viejo maestro Zen.
- Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame.
El Maestro le respondió:
- Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el harakiri. Aquí y ahora. -Y añadió-: Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos.
El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el Maestro blandía su sable.
- Ha llegado el momento -le dijo-, empieza.
Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces, el maestro le preguntó:
- ¿Oyes ahora los maullidos?
- Oh, no, ¡Ahora no!
- Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras.
En realidad, todos somos muy parecidos a ese samurai. Ansiosos y atormentados, miedosos y quejones, la menor cosa nos espanta. Los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos. Son parecidos al miau de la historia.
Ante la muerte, ¿qué cosa hay que importe?
Esta historia la encontré de una profundidad enorme. Nuestra mente son esos miaus, todos nuestros problemas, todas nuestras quejas, son los miaus. Como vemos en la historia, el samurai está bajo la culpa más grande que probablemente pueda sufrir alguien, que es matar a otro ser vivo. E incluso así, los miaus son sólo producto de su mente.
Así mismo, nuestra mente nos juega malas pasadas, y nos hace sufrir, lo que me recuerda lo que siempre me dice mi Maestro… “Si tú te cortaras la cabeza, serías el huevón más feliz del mundo”. Y cuando nuestra vida está en riesgo, se nos va la mente a la mierda… se esconde, se pierde… sepa Dios donde se mete… pero todo se olvida, y es otra realidad la que se vive.
Ahora bien, el Esto También Pasará, nos habla de que todo son muertes, permanentemente nos enfrentamos a la muerte, nuestras pérdidas son muertes, cada día que pasa, algo muere… pero algo nace también.
Si aprendemos a mirar nuestra mente, y administrarla, y a ponerla frente a la posición de la muerte, nuestra visión de la vida, será otra.
No tengo mucho que decir sobre esto, porque es una sensación muy viva, que me cuesta transmitir a palabras… probablemente justo porque es la mente la que se va, y es ella la que administra las palabras… pero ojo cuando les toque… Porque ante la muerte es otra la conciencia que uno tiene.
Dios los Bendiga
Gian Lorenzo Blanco Balbontín
Muslim:: Akil:: Al-Gafûr::

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